INVESTIGAR CON NIÑOS, CO-PRODUCIR CON ELLOS.

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    A menudo, la concepción de la infancia se realiza desde la oposición a lo adulto y se establecen relaciones jerárquicas donde la palabra del niño queda minusvalorada o, incluso, es inexistente. Aunque se advierten indicios de cambio, entablar acciones dirigidas a los niños sin contar con ellos es una práctica presente en diferentes ámbitos sociales. La educación es un ejemplo y solo las metodologías más avanzadas preguntan al niño qué quiere aprender y cómo lo quiere hacer, considerándole parte activa en el proceso de aprendizaje.

    Tampoco el marketing escapa a ese enfoque pasivo: cuántos canales de distribución mejorarían la presentación de sus artículos simplemente preguntando y observando las preferencias de sus clientes menudos; cuántas empresas utilizan sus recursos en investigación para construir de forma prospectiva en colaboración con los niños, mas que en entender fenómenos de moda con la tentativa de imitarlos. Su potencial creativo no es valorado en toda su plenitud por una gran parte de empresas que tienen en los niños su mercado.

    Desde la perspectiva de una investigación eficaz y responsable es fundamental superar la percepción de los niños como meros sujetos de investigación para considerarlos actores en toda su complejidad capaces de coproducir en la investigación. Es decir, promover las investigaciones sobre objetos y servicios no solo para ellos sino con ellos.

    Entre las técnicas y metodologías usadas tradicionalmente en investigación cualitativa (focus groups, entrevistas, diarios…) hay que hacer un hueco por su alto valor creativo a las técnicas visuales, en especial al dibujo y a la fotografía o el vídeo.

    El dibujo es una herramienta muy valiosa cuando se trabaja con niños pequeños: es un elemento cotidiano que representa su mundo. Pedirles que dibujen sobre cualquier aspecto del que ellos forman parte significa dibujar emociones, recuerdos, frustraciones y deseos: les permite expresarse de una forma libre y creativa. Su alta eficacia se ha demostrado en los estudios sobre geografía de la infancia y en especial en el entendimiento sobre la apropiación y uso que hacen los niños del espacio público. La traslación de esta técnica cualitativa a la investigación de mercados es una de las apuestas de Little Band centralizada en la construcción de resultados.

    La fotografía y el vídeo son, por su parte, realmente útiles entre adolescentes y preadolescentes: proporcionan una perspectiva visual y muy personal de los lugares, personas y elementos de su entorno; y permiten superar la presencia del investigador, que puede ser un elemento disrruptivo cuando se realizan técnicas de observación en estas edades. Son, además, herramientas que les estimulan a la participación por lo que su utilización como complemento a otras técnicas de investigación ayuda, no solo a realizar diagnósticos sobre determinados aspectos, sino que pueden diseñar elementos prospectivos.

    La investigación con niños requiere entender que no todos los niños son iguales, que existen multiplicidad de infancias y que las vivencias cotidianas de los niños no son homogéneas. Esto implica que es necesario aproximarse a los niños de distintos ángulos y con diferentes técnicas. El uso de distintas metodologías en una misma investigación hace aflorar una diversidad de emociones, percepciones y experiencias; pero al igual que en su mundo el tiempo corre con otra medida, la investigación con ellos debería estar al margen de los tiempos que las acciones de marketing suelen imponer.