ZOMBIE IS IN THE AIR: MIEDO LATENTE A LA MUERTE SOCIAL.

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    Las ficciones que consumimos con mayor fascinación nos atrapan por la catarsis que suscitan en ese espacio mágico entre pantalla y espectador, por el exorcismo de miedos soterrados que llevamos a cabo en la burbuja especular que nos une a la imagen. Y resulta que llevamos unos pocos años fascinados por unas gentes bastante sucias, desharrapadas, bruscas, peligrosas y con escasa capacidad verbal: zombies, sí señor, o “muertos vivientes”. El éxito de audiencia de la serie The Walking Dead, la invasión de muñequitos zombie en las jugueterías de nuestros peques, marca de locales y clubs enrollados, auge del Zombie Art… son sólo algunas de las innumerables expresiones de esta fascinación colectiva.

    The Walking Dead

    Un magnetismo tan amplio de lo zombie tiene mucho que ver con un miedo social. En este caso, el miedo a la muerte social: terror a caer infectados en ese territorio/calvario en que uno sigue vivo pero muerto, animal pero no ya persona, con necesidades (alimenticias) que resolver pero no ya consumidor, movido ya únicamente por un ansia/condena de supervivencia.

    En 1923, Nels Anderson (de la escuela de Chicago) publicaba su ensayo The Hobo y daba luz públicamente al grupo de homeless bohemians que tan atrayentes resultaron posteriormente, ya idealizados, para los Beat y otros movimientos contra-culturales. En 2000, David Brooks acuñaba al Bobo, última recuperación del Hobo pero no ya desde el margen sino todo lo contrario, desde el establishment propio de la bourgoisie bohème. Riesgo cero, ningún temor en aquel entonces: las clases acomodadas in Paradise juegan con una estética vagabunda que en ningún momento puede volverse un cuestionamiento… todo está lejos y bajo control. 2012: la distancia de seguridad se ha esfumado, el Paraíso se ha tornado en Infierno. Pasamos a diario delante de las colas de la sopa popular, el 27% de los españoles se encuentra en riesgo de exclusión social o de pobreza según Eurostat, amplios sectores de nuestra sociedad basculan del pesimismo a la depresión y “los psicólogos advierten de que la sociedad se ha instalado en el pesimismo, la desconfianza y la inseguridad. Esta percepción colectiva  de que no hay futuro desencadena síntomas en algunas personas, cuya manifestación extrema es el suicidio”.

    Recuerdo una frase de Louise Bourgeois en la que dice que “nunca nos sentimos tan vivos como cuando nos encontramos ante la muerte de otro”. Tal vez sea por esto por lo que, en el fondo, hasta nos encariñamos con estos pobres-zombies – eso les debemos, más allá del rato de entretenimiento, hacernos sentir bien vivos a pesar de nuestros miedos.